miércoles, 26 de diciembre de 2012

Para jubilados emprendedores

por Oscar Tioni

Estimado amigo adulto “mayorcito”, que ha demostrado interés en aprender computación: empiezo por felicitarlo por haber aceptado ese importante desafío, a una edad en que los demás prefieren la pasividad no sólo física, sino también mental; pero convengamos a priori que usted ha elegido enfrentarse a un aparato endemoniado.
En ciertas momentos de su vida habrá tenido ocasión de domesticar algún animal: perro, gato o paloma; bien, piense ahora, para su mejor ubicación, que va a empezar a domar una vaca, o un chancho, o tal vez un yacaré, pero manteniéndose siempre en el lugar donde tiene instalada su computadora.
A manera de ayuda inicial le voy a recordar que existen unos diccionarios de insultos, que le conviene repasar para estar mejor pertrechado frente al aparato. Y recuerde esta sentencia “los va a necesitar”.
La gente más joven que se vale del ordenador, lo maneja con tal soltura que usted se sentirá tentado de pedirle algunas explicaciones; ellos, por razones de léxico técnico, le responderán con un puñado de palabras inentendibles que le brindarán la oportunidad de usar los términos refrescados en el diccionario recomendado más arriba.
Por su empeño en este aprendizaje, está demostrando ser una persona, con la inquietud de estar actualizado, pero además, por su edad ya ha aprendido a ser cauto en sus movimientos. No importa su moderación: “esta máquina: igual lo traicionará”.
La vida nos ha mostrado muchas veces que en una encrucijada de camino, podemos preferir seguir adelante, tomar a la derecha o a la izquierda, e incluso, hasta volver para atrás. Bien, frente a la computadora estas alternativas no bastan, porque la máquina puede indicarle que haga un hoyo y continúe hacia abajo. Después del extenuante esfuerzo de hacer el pozo, cuando usted quiera continuar, el aparato encenderá un recuadro en el rincón de la pantalla, donde le advertirá que si lo prefería podría haber seguido derecho, girado a la derecha o la izquierda e incluso también, volver sobre sus pasos, y que lamenta que a usted no se le haya ocurrido.
Quiero hacerle un comentario tranquilizador por lo mucho que se ha hablado del peligro para la salud constituido por las radiaciones de los tubos de rayos catódicos, como es el monitor de su computadora. Estos efectos son prácticamente nulos, y si usted nota que transpira mucho cada vez que pasa un rato sentado frente a un ordenador, no son los rayos quienes alteraron su sistema neurovegetativo, simplemente transpira de bronca; y dependiendo de lo que esté intentando desarrollar, esa transpiración podrá ser: escasa, moderada o abundante, coincidiendo con una bronca de la misma intensidad.
No obstante las nimiedades referidas precedentemente, usted podrá tener el placer de escribir una nota en su computadora, explayándose sobre los temas que más le gusten, claro que, al principio, los que quieran leerla deberán ir hasta su casa, porque no sabrá imprimirla. Pero ya llegará un visitante que sepa hacerlo y se lo imprimirá. A partir de allí, usted saldrá a la calle blandiendo las hojas, con el inocultable orgullo del que muestra un trofeo, donde las reservas de juventud triunfaron sobre las limitaciones de la madurez.
En esas hojas habrá asentado las más profundas convicciones sobre sus temas preferidos: política, sociología, cultura y todas las ocurrencias que quiera. Elegirá entonces, como siempre a los más jóvenes, para mostrárselas primero; allí puede que reciba algunas apreciaciones un tanto desalentadoras como: ¿No te andaba el “justificar”? o ¿Por qué elegiste New Roman en lugar de Arial?. Entonces Ud ratificará su convicción de que hablar con los jóvenes es malgastar el tiempo, y empezará a buscar otro jubilado para mostrarle su obra; y ahora sí los ansiados elogios. Pero, el primero de los consultados le dirá que padece de cataratas y que no puede leer hasta que no se las opere; el siguiente le dirá que tiene tanto para leer que por unos días no podrá ocuparse; pero ese, al que usted le escuchó pacientemente a lo largo de los años, el relato de cada pelea que tuvo con la mujer, con los hijos y con todos los parientes; bueno ese, le preguntará si no le importa a Ud que los papeles se le humedezcan un poquito, porque, le confesará, que en el único lugar donde él lee es en el baño.......¿Y para esto va usted a aprender tantas palabras nuevas?.¿Por qué mejor no se queda a jugar al dominó con los amigos de siempre, o a repasar el diario de anteayer que ya para hoy le parecerá no haberlo leído?