domingo, 11 de septiembre de 2011

Reencuentro

por José Manuel Moreno

Cuando la vio venir, emocionado
con la felicidad de la sorpresa,
pudo notar que, aún cuando había cambiado,
aún conservaba entera su belleza.

Durante un tiempo habían sido amantes,
pero hacía mucho que no se veían,
y, como estaban siempre muy distantes,
sólo de vez en cuando se escribían.

Caminaron, dudando, hasta acercarse
observándose algo desconcertados,
ella sin evitar ruborizarse,
y él como si avanzara hacia el pasado.

Ella inquieta, movía la cabeza
como diciendo que no lo creía,
con una mezcla de alegría y tristeza
que su agitado pecho le oprimía.

El se acercó nervioso, y su mirada
notó de pronto que se humedecía,
y que su voz, vacilante y quebrada,
quería nombrarla, pero no podía.

Y entonces un impulso inesperado
les empujó a los dos súbitamente,
con la ilusión de dos enamorados
que vuelven a encontrarse nuevamente.

Se fundieron en un estrecho abrazo,
como queriendo entregarse la vida,
tratando de encerrar entre sus brazos
todo el tiempo de espera contenida.

Frente a frente, cogidos de las manos,
volvieron a observarse tiernamente,
viendo que el tiempo no pasaba en vano,
y que eran dos personas diferentes.

En diálogo feliz y emocionado,
trataron de expresarse la alegría
de aquel casual encuentro inesperado
con que el destino al fin los reunía.

Entonces él, sintiéndose atraído,
quiso apegarse un poco más a ella,
besándola, y diciéndole al oído
que seguía siendo encantadora y bella.

Ambos estaban como transportados
viviendo un sueño que se había cumplido,
y así permanecieron abrazados,
cual si el tiempo se hubiera detenido.

Y después caminaron decididos,
en busca de algún sitio retirado,
donde poder contarse lo ocurrido
en aquellos diez años de pasado.
                     Enviado por Cristina Kurylas