jueves, 27 de diciembre de 2012

Deshacer


El salón quedó vacío de sus cuerpos pero no de ustedes. Me quedé un rato configurando las máquinas y todavía me parece escuchar un barullo de bromas, explicaciones mutuas, preguntas entre ustedes, preguntas a mí, y la palabra "deshacer". Cada vez más gente la usa.

Pero algunas cosas no las quisiera deshacer. La memoria fresca de lo recién vivido, de saber que Julia pinta, que Amalia viajó a Rosario para el cumple de su nieto, que Perla descubrió en su PC los archivos de Juan, quien fuera su compañero en Somisa hace tantos años, de las apasionadas autobiografías, del vértigo inevitable al proyectarme en sus relatos preguntándome cómo seré yo en la vejez.

No quisiera deshacer la huella de las historias narradas sobre el amor y la edad, sobre los recuerdos que cobran vida, sobre los sueños del presente y del futuro. Que sí lo tienen. Pero compite con un pasado irresistible, que yo también estoy empezando a construir, y me descubro cada tanto diciendo "en mí época..." como si la época actual ya no fuera mía. No me quiero olvidar de la zapatilla que Leona usaba "un poquito en un pie y un poquito en el otro" porque tenía una sola, ni de las lágrimas que vi caer sobre el papel, ni de las risas cuando un clic les arroja una imagen repentina que se les sale de las manos, y se les escapa como todo lo electrónico, sin previo aviso. "Yo no se qué pasó pero se me borró todo...".

"Se me borró todo...", qué frágiles son los textos digitales para esos pasados enormes que no es posible ni hace falta deshacer.


V.D.